Tecnociencia

Analizar los aromas que se conservan en artefactos y elementos arqueológicos

Los nuevos avances biomoleculares permiten analizar los aromas que se conservan en artefactos y elementos arqueológicos de épocas pasadas. Un equipo de científicos alemanes quiere utilizar esta nueva información para descubrir nuevos aspectos del mundo antiguo, de nuestras sociedades y de la evolución como especie.

En los últimos años, millones de personas en todo el mundo han sufrido la pérdida del olfato debido a la covid-19. Incluso aquellos que han evitado la infección por el nuevo coronavirus experimentan ahora el mundo de los olores de forma diferente debido a las propias mascarillas, que nos protegen contra el virus.

Esta pérdida de olfato ha puesto de manifiesto el importante papel que desempeña este sentido en la forma en que percibimos y navegamos por el mundo, y ha subrayado las conexiones entre el olfato y la salud mental y física.

El olor siempre ha sido un componente integral de la experiencia humana, pero hasta ahora, el pasado ha permanecido en gran medida sin su presencia. La mayoría de los olores proceden de sustancias orgánicas que se descomponen rápidamente, lo que deja pocas evidencias para que los arqueólogos los investiguen miles de años después.

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Ahora, un equipo de investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (Alemania) está buscando nuevas formas de revivir los paisajes olfativos del pasado y utilizar el olor para estudiar la experiencia, el comportamiento y la sociedad de la antigüedad. El estudio ha sido publicado en la revista Nature Human Behaviour.

Rastrear el olor en el pasado profundo no es una tarea sencilla, pero el hecho de que la historia recoja expediciones, guerras e intercambios a larga distancia para adquirir materiales con fuertes propiedades olfativas −como el incienso y las especias− revela lo importante que ha sido el olor para la humanidad.

Comprender la dimensión sensorial de la historia de la humanidad y el uso de sustancias olorosas y aromáticas puede aportar conocimientos sobre muchos aspectos del pasado, como los rituales, la perfumería, la higiene, la cocina, el comercio y el intercambio. Sin embargo, como el olor forma parte de la forma en que experimentamos, entendemos y navegamos por el mundo, los olores antiguos también pueden aportar información sobre aspectos más generales del pasado, desde la jerarquía y las prácticas sociales hasta la identidad de grupo.

El olor es un aspecto poderoso e infravalorado de la experiencia humana; los olores llegan a nuestro cerebro de forma bastante directa y nos motivan de manera decisiva, ya sea para evitar el peligro, identificar algo que es bueno para nosotros o recordar algo de nuestro pasado.

Utilizando solo rastros de sustancias perfumadas conservadas en artefactos y elementos arqueológicos, las nuevas técnicas están revelando los poderosos olores que fueron una característica cardinal de las antiguas realidades vividas, y que moldearon la acción, los pensamientos, las emociones y los recuerdos humanos.

Al aprovechar los nuevos y potentes enfoques biomoleculares y ómicos −que permiten estudiar un gran número de moléculas, implicadas en el funcionamiento de un organismo−, y al vincular los nuevos datos con la información de los textos antiguos, las representaciones visuales y los registros arqueológicos y medioambientales más amplios, los investigadores pueden revelar nuevos aspectos del pasado, de nuestras sociedades y culturas cambiantes y de nuestra evolución como especie.

Los autores del nuevo artículo esperan que una mayor investigación sobre los ricos ‘paisajes olfativos’ del pasado permita conocer los mundos sensoriales de antaño y las diversas formas en que las personas han captado los olores de la naturaleza para dar forma a la experiencia humana.

Fuente: SINC